¿Alguna vez te has sentido congelado o encerrado en tu propio cuerpo? ¿Te has sentido como atrapado en una armadura o algo que te oprime y te impide sentirte libre y expresarte con seguridad?
Aún recuerdo cuando tenia aproximadamente 7 años y cursaba el 2º grado de primaria, las maestras nos sentaban en esos pupitres bastante incómodos en filas y nos pedían quedarnos “bien sentados” y quietos.
Para mí esto era completamente incómodo y totalmente antinatural para el aprendizaje, yo fui una niña inquieta, exploradora, curiosa y tal vez incómoda para muchos.
No conseguía quedarme quieta por mucho tiempo, recuerdo pararme a dar vueltas entre las filas, cantando, jugando, buscando a toda costa el movimiento constante.
Obviamente las maestras enloquecían por no saber qué hacer conmigo y hasta cierto punto las entiendo, pues estaban adoctrinadas para brindar una educación rígida y tradicional, porque probablemente a ellas las habían limitado en su desarrollo corporal de la misma manera.
Y si hago hincapié en la necesidad de explorar con el movimiento, es por qué en los primeros años de vida, el niño aprende haciendo, moviéndose, jugando, descubriendo, no teorizando y memorizando.
Y bueno, quizá en este punto ya estes pensado que me estoy victimizando y quejando de la triste historia de mi experiencia escolar temprana, pero no es así, ese no es el objetivo de éste artículo, más bien deseo exponer cómo a lo largo de nuestro desarrollo, el cuerpo va guardando nuestras historias, experiencias, tensiones, patrones de movimientos espontáneos, posturas copiadas de nuestros padres y las que fueron adoptadas como mecanismos de defensa.
Es decir que con el tiempo el cuerpo va creando una coraza física y no solo muscular, si no tambien afectiva.

Imagínate que a un niño que siente una alegría muy grande y su manera de manifestarlo es salir corriendo, y por alguna razón su padre le dice NO!!! …el niño puede decidir correr a pesar de todo, o detener el movimiento. Entonces si el niño elige la opción de inhibir su movimiento para responder a la consigna exterior, sus músculos que ya habían recibido la orden de su cerebro para ponerse en acción, detienen su movimiento de expresión mediante una tensión, ahora imagina que esta acción se repita por días, meses o incluso años, dicha tensión se convierte en una coraza, algo parecido a una armadura, un impedimento para ser.
Lo anterior pone de manifiesto una inhibición provocada por factores externos, sin embargo permíteme decirte que también dicha coraza puede ser producida por una inhibición interna, es decir que ese NO!!! del ejemplo anterior vendría desde dentro. Puede ser que ese NO se haya integrado a lo largo de la vida como un reflejo “condicionado”, creencia, complejo o trauma. Y cuando esto sucede, cada vez que se reviva la misma situación o algún factor externo traiga un recuerdo de aquello que generó la coraza, ésta se volverá a activar, es decir que ese viejo NO paraliza nuestro cuerpo o alguna parte especifica de él.

Es por este motivo que en el método de trabajo que aplico con mis pacientes pongo mucho énfasis en crear una combinación entre el trabajo corporal y el análisis psicológico, ésto con la intención de poder trabajar a la par desbloqueando segmentos de la coraza muscular y la coraza de personalidad.
La intención entonces sería poder despertar el interés de cada paciente por mirar hacia adentro, por conocerse, por identificar sus rasgos de carácter y explorar su origen y significado.
En pocas palabras, despertar el interés por flexibilizar la rigidez de su manera de vivir.
¡¡¡EXPLORA, SIENTE, MUÉVETE!!!

